Un té con 270 millones de años de historia.
Hay algo particular en preparar una infusión de Ginkgo. Las hojas con su forma inconfundible — en abanico, bilobuladas, únicas en el reino vegetal — son de las más reconocibles del mundo natural. Y mientras el agua caliente libera sus compuestos, es difícil no pensar que esa misma hoja acompañó a los humanos durante milenios — en los templos budistas de China, en los jardines de los emperadores japoneses, en la medicina tradicional de generaciones y generaciones.
Hoy puede acompañarte a vos, en tu taza de la mañana.
Lo que tiene adentro
Las hojas de Ginkgo biloba concentran flavonoides y terpenoides — ginkgólidos y bilobálidos — que actúan sobre la circulación cerebral y periférica, protegen las células nerviosas del daño oxidativo y acompañan la memoria, la concentración y la claridad mental de forma progresiva y sostenida.
La infusión es una de las formas más tradicionales y accesibles de incorporar el Ginkgo — y una de las más placenteras.
Cómo prepararla
Colocá una cucharadita de hojas en agua caliente — no hirviendo, alrededor de 85°C — y dejá reposar entre 5 y 7 minutos. Colá y tomá sola o con un toque de miel y limón. Podés tomar una a dos tazas por día, preferentemente por la mañana o en las primeras horas del día.
También podés incorporar las hojas a preparaciones frías — infusión de Ginkgo fría con hielo y menta es una opción refrescante para el verano.
Lo que va en el paquete
Hojas seleccionadas de Ginkgo biloba, obtenidas de cultivos sustentables, deshidratadas para preservar su perfil completo de compuestos activos. Sin aditivos, sin conservantes, solo la hoja.
Conservar en lugar fresco, seco y alejado de la luz solar directa.